Te dimos la vida para que la vivas

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Palabras Claves: reflexión, madre, hijos, crecer

Ela era una cachorra juguetona. La única hembra que había nacido ese verano. Su madre y las otras leonas de la manada la cuidaban y le daban alimento. Cierto día, cuando ya era mayor, se acercó al león, su padre, y quedó fascinada por su fuerza, tamaño y porte. Cuando sea grande, quiero ser como el león, pensó.

Los días siguientes, apenas salía el sol, Ela salía corriendo tras su padre para observarlo e imitar todo lo que hacía. al principio su madre no decía nada pero al pasar el tiempo se dio cuenta que Ela descuidaba sus quehaceres, ya no salía a cazar con las otras leonas, ni siquiera platicaba con ellas, incluso las veía con mirada de desprecio. Todas las leonas son iguales, yo voy a ser diferente, yo voy a ser como mi papá, no las necesito, pensaba Ela.

Cierto día, cuando caminaba detrás de su padre, se detuvo a ver un gusano de color llamativo, se entretuvo tanto tiempo que cuando volteó, su padre ya no estaba a la vista.

Corrió a buscarlo, gritó y gritó pero fue inútil, su padre no estaba. intentó regresar a casa pero no conocía el camino. Las leonas conocían todo el territorio pero Ela, al separarse de ellas, no conocía nada.

Al segundo día perdida, la invadió el hambre, intentó cazar un conejo pero hacía tanto ruido al intentarlo que todos los animales se daban cuenta de su presencia antes de que pudiera acercarse. Había perdido la habilidad para cazar. Desesperada vagó solitaria lamentándose haberse alejado de las hembras de su manada.

Después de varios días, cuando Ela se hallaba cansada, desesperada y dispuesta a morir, apareció entre la hojarasca una enorme leona. Con la vista debilitada, pudo ver que se trataba de su madre, las hembras la habían encontrado. Cuando se recuperó, estaba en la manada nuevamente.

Lo lamento madre, no sabía lo valioso que es ser una hembra y todo lo que aportamos a nuestra manada. Por favor, acéptenme nuevamente como su aprendiz y como una de ustedes —dijo Ela—. La madre la miró con ojos de ternura: está bien hija, entender los errores de los cachorros es parte de nuestra fortaleza. Es bueno que hayas ido al mundo de tu padre a conocerlo y respetarlo, ahora es hora de regresar con las hembras, tú eres una de nosotras.

 

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