Registro de comienzo y registro de cierre

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Palabras Claves: grupal, escucha, reflexión, autoconocimiento

Dinámica:
Para hacer esta ejercitación acostumbro a poner una música suave. También puede hacerse sin música.

Consigna
a. En silencio. Sentarse relajado con la espalda bien apoyada en un respaldo, el coxis bien pegado en la juntura entre respaldo y asiento (esto posibilitará mantenerse recto sin esfuerzo), las manos apoyadas una sobre cada pierna o
una mano sostenida por la otra, ambas sobre el regazo, sin cruzar las piernas ni brazos (para que fluya la energía), los ojos cerrados (en lo posible) para que la mirada se dirija al interior.

  1. Centrarse prestando atención al inhalar y exhalar de la respiración.
  2. Registrar si hay alguna zona de tensión corporal y enviar mentalmente su respiración hasta esa zona.
  3. Relajar hasta el “camino del medio”: ni tan confortable como para dormirse, ni tan incómodo como para no poder “estar presente”.
  4. “Registren cuáles son los pensamientos, sensaciones y emociones en cada uno y tomar conciencia de qué es lo ocurre o tiene mayor presencia en uno mismo. No se circunscriban solamente a lo laboral… dejen que toda su existencia, todo su ser, se haga presente.

A partir de aquí, silencio; o solo música. Son instantes para la autorreflexión, para el darse cuenta o tomar conciencia de aspectos que luego serán voluntariamente compartidos.

Algunas preguntas que el facilitador puede presentar invitando a la reflexión o a la introspección pueden ser: ¿cómo vengo?; ¿cómo me siento?; ¿cuál es mi propósito o qué me gustaría que pasara en esta reunión?; ¿por qué lo que quiero que pase es relevante para mí?; ¿qué obstáculo o situación podría impedir mi total presencia en esta reunión?

  1. Finalizado el tiempo estipulado o la música elegida, respiramos profundamente, abrimos los ojos y nos reconectamos con el afuera o con los demás.
  2. Si la ejercitación fue individual continuamos con nuestras acciones cotidianas. Si fue en grupo/equipo, un voluntario comienza a hablar compartiendo con los demás lo que percibió de sí mismo, sus pensamientos, sus emociones, etc. Lo que desee y hasta donde desee, sin obligación. En el caso de grupos numerosos, esta etapa del compartir se realizará subdivididos en pequeños grupos. La razón de esto es que el tiempo para esta dinámica deberá ser breve. Si la reunión o actividad agendada durará una hora, no podemos invertir media hora en este ejercicio; pero sin duda, diez minutos, contribuirán a generar un contexto mas adecuado.
  3. El pedido es que quien habla lo haga brevemente y desde el corazón. Esto es, con la mayor honestidad y autenticidad posibles. Si no quisiera o no pudiera compartir, así como tiene el derecho a hablar, tiene el derecho a pasar. Simplemente dirá “paso” reservándose el derecho de no hacerlo o de hacerlo al finalizar la ronda. Cuando el primero de la ronda finaliza, cede la palabra al de su derecha y así de seguido hasta llegar nuevamente al primero que tomó la palabra.

Mientras alguien hace uso de la palabra, los demás no pueden ni deben hablar, solo practicar la escucha activa. Las temáticas compartidas reflejarán estados corporales, emocionales, pensamientos, preocupaciones, sensaciones, etc.
Como no es un espacio de resolución de conflictos ni se espera respuesta alguna a lo dicho, esta herramienta ayuda a tomar conciencia de uno mismo, propicia una apertura y una empática conexión intra e interpersonal.

Es un espacio para hablar de uno mismo, no de la temática de la agenda convocante, lo cual colabora a reducir nuestras –muchas veces equivocadas– inferencias acerca del otro. Así, podremos enterarnos de que alguien parece distraído o inquieto, no –según nuestra apresurada inferencia– porque no se interesa por nuestros dichos o porque se aburre sino, por ejemplo, porque no durmió en toda la noche preparando el informe que horas más tarde deberá presentar ante el CEO de la compañía. Tener la posibilidad de compartir su preocupación con el equipo seguramente reducirá su ansiedad, le evitará tener que invertir energía en disimular, disolverá las equívocas inferencias y posibilitará una presencia más auténtica.

  1. Una variante posible es que el coach o quien coordina la reunión le dé la palabra en primer lugar a la persona que está a su derecha, de tal modo que al dar vuelta la ronda, será él quien compartirá sus reflexiones en último lugar o, por el contrario, que sea el primero en hacerlo, mostrando un camino de acción.
  2. Al finalizar, se continúa con la reunión o la actividad programada basada en la agenda estipulada o a los efectos de la convocatoria.

Dinámica:
Este mismo procedimiento es utilizado para finalizar reuniones o actividades. A veces no hago el registro de inicio pero sí el de cierre (o viceversa).

En este caso se siguen los mismos pasos señalados más arriba, pero la consigna del coach-facilitador solicitará registrar cómo se sienten ahora al finalizar, qué pensamientos o sensaciones querrían compartir o, simplemente, dejar alguna reflexión acerca de lo realizado.

Siempre… ¡breve y desde el corazón!

 

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