Peregrinación

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Palabras Claves: reflexión, dios, interior

Un hombre por fin tenía todo listo para emprender la peregrinación. Hace años que su maestro le había ordenado que visitara el más santo de los lugares.

Literalmente la preparación le llevó años. Se arrepintió de cada acto negativo, pidió perdón y con decisión practicó todos los rituales de limpieza interior para saberse puro al llegar al lugar sagrado. Meditó, hizo oración, fue generoso y cultivó la compasión para ser capaz de recibir todas las bendiciones que el sitio santo podía otorgar. Juntó un poco de dinero e hizo un ligero equipaje para emprender el viaje.

Así que la mañana antes de partir, fue a despedirse de su maestro y a pedir una vez más su bendición. “Hay algo que debes tener claro antes de irte” le dijo su mentor con voz tranquila “debes de tener total claridad sobre los motivos de tu viaje” Sin dudarlo el hombre respondió “Maestro, usted sabe muy bien que lo único que quiero es encontrarme con Dios”

Con un brillo divertido en los ojos, el maestro repuso “Si es así, pon a mis pies las ofrendas que planeabas entregar en el altar del lugar santo” Ahora si dudando un poco y sin entender muy bien las pretensiones del maestro, el hombre puso a sus pies las tres joyas que según la tradición había que poner ante el altar. “Muy bien” continuó el hombre santo “Tú sabes que al llegar al sitio consagrado se acostumbra dar siete vueltas alrededor del templo principal. Atento y despacio da siete vueltas alrededor mío” ordenó.

El peregrino comenzó a pensar que su maestro estaba siendo demasiado pretencioso, lo que pedía sólo se realiza ante el más santo de los sitios. Sin embargo no podía rechazar su orden sin tirar por la borda todo el mérito que había reunido para su viaje sagrado, así que en silencio – completamente atento a su mente y a su cuerpo circunvaló muy despacio siete veces a su maestro. “Perfecto. Ahora sí, ya puedes irte a tu casa” y con una gran sonrisa continuó “Haz hecho lo que buscabas, vete satisfecho y contento. Sólo quiero decirte algo más, desde que terminó de construirse el sitio santo al que pensabas viajar, Dios jamás vivió ahí. No dudo que fuese a pasar unas vacaciones, o pasara a mirar las hermosas construcciones de los hombres, pero nunca estableció ahí su residencia. Del mismo modo, desde que el corazón de los seres humanos dio su primer latido, Dios nunca abandonó lo que para él es su mejor santuario, ni un solo instante se ha ausentado del centro de tu pecho. Ese es el lugar sagrado” y despeinándolo un poco, como si fuera un adolescente, terminó de decirle “Ve a tu casa y recorre con frecuencia el camino que lleva hasta el más santo de los sitios”

Y mientras el discípulo caminaba hacia a su casa, reflexionando sobre la profunda verdad que acaba de encontrar.

 

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