No te metas en mi vida

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Palabras Claves: reflexión, madre, familia, educación, independencia, dependencia

Una joven, enardecida por cualquier reclamo en su casa, le grita a su madre:
—¡No te metas en mi vida!
—Hija, un momento: no soy yo quien se metió en tu vida. ¡Tú te metiste en la mía! Por el amor que tu padre y yo nos tenemos llegaste a nuestras vidas y ocupaste todo nuestro tiempo aún antes de nacer; me sentía mal, no podía comer, todo lo que comía lo devolvía y debía guardar reposo. Los últimos meses no dormía y tampoco dejaba dormir a tu papá. Los gastos de la casa aumentaron tanto que gran parte de nuestros ingresos se gastaban en ti: en un buen médico que me atendiera y me ayudara a llevar un embarazo saludable, en medicamentos, en la maternidad, en comprarte todo un guardarropa; tu padre y yo, si veíamos algo para bebé, lo comprábamos: un vestido, una cuna, todo lo que se pudiera con tal de que tú estuvieras bien. ¿Qué no me meta en tu vida?

»Llegó el día en que naciste. “Hay que comprar un regalo para dar de recuerdo a quienes vengan a conocerte”, dijo papá, y de paso debimos adaptar un cuarto. Desde la primera noche no dormimos: cada tres horas, como si fueras una alarma de reloj, nos despertabas para que te diéramos de comer; otras veces te sentías mal y llorabas y llorabas sin que nosotros supiéramos qué hacer y hasta llorábamos contigo. ¿Qué no me meta en tu vida?

»Aprendiste a caminar, y yo no sé cuánto tiempo he tenido que estar detrás de ti: cuando empezaste a caminar o cuando creíste que ya sabías hacerlo. Ya no podía sentarme tranquila a descansar, a leer el periódico o a ver una película, porque de repente te perdías de mi vista y tenía que salir tras de ti para evitar que te lastimaras. ¿Qué no me meta en tu vida?

»Todavía recuerdo el primer día de clases, cuando tuve que llamar al trabajo y decir que iría más tarde, pues en la puerta del colegio te aferrabas a mi mano, llorabas y me pedías que me quedara contigo; y entonces tuve que entrar a la escuela y pedirle a la maestra que me dejara estar a tu lado para que fueras tomando confianza. A las pocas semanas ya no me pedías que me quedara, y hasta te olvidabas de despedirte cuando bajabas del auto corriendo para encontrarte con tus amiguitos. ¿Qué no me meta en tu vida?

»Seguiste creciendo. Ya no querías que te lleváramos a tus reuniones, y en cambio nos pedías que te dejáramos una calle antes y pasáramos por ti una calle después, para que no se enteraran tus amigos; te molestabas si te marcábamos reglas, no podíamos hacer comentarios acerca de tus compañeros sin que te volvieras contra nosotros, como si los conocieras a ellos de toda la vida y nosotros fuéramos unos perfectos desconocidos para ti. ¿Qué no me meta en tu vida?

»Muchas veces tu papá se la pasaba en vela, y no me dejaba dormir diciendo que no habías llegado y que era media noche, que tu celular estaba desconectado, que ya eran las tres y no llegabas. Hasta que por fin entrabas a la casa, y podíamos dormir. ¿Qué no me meta en tu vida?

»Al presente, cada vez sé menos de ti por ti misma, sé más por los demás; ya casi no quieres hablar conmigo, dices que solo te estoy regañando y todo lo que yo hago está mal. Pregunto: con tantos defectos que tenemos tu papá y yo, ¿cómo hemos podido darte todo lo que tienes? Ahora solo me buscas cuando hay que pagar algo, o necesitas dinero para la universidad o para salir; y peor aún, yo solamente te busco cuando tengo que llamarte la atención. ¿Qué no me meta en tu vida?

»No obstante lo anterior, estoy segura que ante estas palabras tuyas será mejor responder: Hija, yo no me meto en tu vida, tú te has metido en la mía. Y te aseguro que, desde el primer día hasta hoy, no me arrepiento que te hayas metido en ella y la hayas cambiado para siempre. Así que mientras esté viva me meteré en tu vida, así como tú te metiste en la mía, para ayudarte, para formarte, para amarte y para hacer de ti una mujer de bien”».

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