La pegatina de Tommy

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Palabras Claves: reflexión, constancia, perseverancia, emprendimiento

Después de haberme oído hablar del Banco de los Niños, un chiquillo de nuestra parroquia en la playa de Huntington vino a verme, me estrechó la mano y me dijo:
—Me llamo Tommy Tighe, tengo seis años y quiero pedir un préstamo a su Banco de los Niños.
—Tommy, uno de mis objetivos es prestar dinero a los niños. Hasta ahora, todos los niños me lo han devuelto. ¿Cuál es tu proyecto?
—Desde que tenía cuatro años pienso que yo podría conseguir la paz en el mundo. Quiero producir una pegatina que diga: «¡POR NOSOTROS LOS NIÑOS, POR FAVOR, HACED LA PAZ!», firmado: «Tommy».
—En eso puedo respaldarte —le aseguré.
Tommy necesitaba cuatrocientos cincuenta y cuatro dólares para producir mil pegatinas. El Mark Victor Hansen Children’s Free Enterprise Fund extendió un cheque para el impresor que se encargaría de imprimir las pegatinas.
—Si no te devuelve el préstamo —me susurró al oído el padre de Tommy—, ¿le embargarás la bicicleta?
—No, puedes apostar lo que quieras a que todos los niños nacen siendo honrados, con un sano concepto de lo que es moral y ético. Es la maldad lo que hay que enseñarles. Creo que devolverá el dinero.

Lector, si tienes un niño de más de nueve años, déjale trabajar por dinero para alguien que sea honrado y tenga firmes principios morales y éticos; así es como aprenderá el principio de la honradez.

Le dimos a Tommy una copia de todas mis cintas, las escuchó veinte veces cada una y asimiló debidamente sus contenidos. Una de las cosas que dicen esas cintas es: «Empieza siempre a vender desde la cumbre». Tommy convenció a su padre para que lo llevara hasta la casa de Ronald Reagan. Tommy llamó al timbre y respondió el portero. Durante dos minutos, el niño le hizo un impecable discurso de venta de sus pegatinas. El hombre se llevó la mano al bolsillo, le dio un dólar cincuenta y le dijo que esperara, que llamaría al expresidente.
—¿Por qué le pediste a él que te comprara? —le pregunté.
—En las cintas, tú dices que hay que pedirles a todos que te compren —me respondió, y tuve que reconocer que así era. Me sentí culpable.

Le envió una pegatina a Mikhail Gorbachov con un cupón para que le remitiera un dólar y medio. Gorbachov se lo envió, con una foto que decía «Sigue luchando por la paz, Tommy; Mikhail Gorbachov, Presidente».
Como yo colecciono autógrafos, le dije que le daría quinientos dólares por el autógrafo de Gorbachov.
—No, gracias, Mark —fue su respuesta.
—Tommy, yo soy dueño de varias compañías. Cuando seas mayor, me gustaría contratarte —le dije.
—¿Lo dices en broma? —me respondió—. Cuando sea mayor, te contrataré yo a ti.

En la edición dominical del periódico Orange County Register se publicó un artículo de portada sobre la historia de Tommy, el Children’s Free Enterprise Bank y yo. El periodista Marty Shaw estuvo seis horas entrevistando a Tommy y publicó una entrevista sensacional. Le preguntó cuál pensaba que sería el impacto de su acción sobre la paz mundial y Tommy le respondió:
—Creo que todavía no tengo suficiente edad; en mi opinión, hay que tener ocho o nueve años para detener todas las guerras en el mundo. Cuando Marty le preguntó quiénes eran sus héroes, la respuesta de Tommy fue:
—Mi papá, George Burns, Wally Joiner y Mark Victor Hansen.

Tommy tiene buen gusto cuando se trata de elegir a sus modelos de comportamiento. Tres días después recibí una llamada de la Hallmark Greeting Card Company, una empresa de fabricación de tarjetas postales impresas para saludos.

Una vendedora de la Hallmark les había mandado por fax una copia del artículo del Register y, como estaban preparando una convención en San Francisco, querían que Tommy hablara en ella. Después de todo, se daban cuenta de que Tommy se había marcado nueve objetivos y los había cumplido:

Valoró los costes de su proyecto.
Hizo imprimir la pegatina.
Pidió un préstamo.
Encontró una forma de comunicarle su proyecto a la gente.
Consiguió direcciones de algunos líderes.
Escribió una carta a todos los presidentes y líderes de otros países y les envió a todos una pegatina.
Habló de la paz con todo el mundo.
Habló de su negocio con los medios de comunicación.
Tuvo una conversación con la escuela.

Hallmark quería que mi compañía, Mira Quién Habla, le pusiera en contacto con Tommy para hablar en su convención. Aunque el parlamento de Tommy no llegó a concretarse, porque no hubo tiempo suficiente, la negociación entre Hallmark, Tommy y yo fue entretenida, estimulante y poderosa.

Joan Rivers llamó a Tommy Tighe para que participara en su programa de televisión. Alguien también le había enviado a ella por fax la entrevista publicada en el Register.
—Tommy —le dijo—, soy Joan Rivers y quiero que vengas a mi programa de televisión que tiene una audiencia de millones de personas.
—¡Fantástico! —dijo Tommy, que no tenía la más remota idea de quién era Joan Rivers.
—Te pagaré trescientos dólares —le ofreció ella.
—¡Perfecto! —dijo Tommy, que tras haber escuchado mis cintas Sell yourself rich [Véndase y hágase rico] hasta sabérselas de memoria, siguió
vendiéndose a Joan diciéndole:
—Pero como no tengo más que ocho años no puedo ir solo. Seguro que tú
podrás permitirte pagarle también a mi mamá, ¿verdad, Joan?
—¡Por supuesto!
—De paso, acabo de ver un programa de televisión y presentaba el Hotel
Trump Plaza como una buena opción cuando vas de viaje a Nueva York. ¿Sería posible, Joan?
—Sí —respondió ella.
—El programa también decía que cuando estás en Nueva Tork debes visitar el Empire State Building y la Estatua de la Libertad. Nos podrás conseguir las entradas, ¿verdad?
—Sí…
—Perfecto. ¿Te dije que mi mamá no sabe conducir? ¿Podemos usar tu
coche y tu chófer?
—Seguro —dijo Joan.

Tommy fue al programa de Joan Rivers y se quedó boquiabierto ante Joan, las cámaras y el público. Tommy era tan guapo, interesante, ingenioso y honesto, y les contó a todos unas historias tan cautivadoras y persuasivas que todo el público sacó dinero de sus carteras para comprar una pegatina.

Al final del programa Joan se inclinó para preguntarle si él en realidad creía que con su pegatina, iba a conseguir la paz en el mundo y Tommy, con una sonrisa radiante, le respondió con entusiasmo:
—Hace dos años que la lancé y ya he conseguido que echaran abajo el Muro de Berlín, ¿no te parece que lo estoy haciendo bastante bien?

 

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