Desmusgarme

Time4VPS - VPS hosting in Europe
0 0 votos
Article Rating

Palabras Claves: reflexión, vida, felicidad, actitud

El bosque era espeso, húmedo, incluso umbrío, vivía su arbórea vida lentamente, respirando con dificulta, como si se negara a cambiar, como si los árboles estuvieran sumidos en un pesado y profundo sueño. El aire denso, la tierra antigua, el sol escaso.

Pero aún ahí, esta inmemorial leyenda sobrevivía. Pocos árboles la recordaban, aún menos arbustos la habían escuchado, rara vez se habían usado las verdes y antiguas palabras del lenguaje arbóreo para contarla, e incluso los árboles más viejos la habían olvidado o la habían enterrado profundamente. Pero – como siempre – de alguna manera, escondida dentro de una roca, en la más vetusta raíz del roble más viejo o en la hoja recién nacida del más joven abeto, corría el rumor de que cuando el mundo y el bosque eran más jóvenes hubo un árbol danzante, que iba y venía a su antojo, al ritmo del viento, girando con el canto del arroyo, asoleándose descaradamente en los claros.

Y tal vez para un hombre esto no parezca extraordinario, sin embargo para el corazón y para la mente de un árbol ¡Qué idea más maravillosa! Mover hojas y ramas, seguir el ritmo con sus raíces, sacudir su corteza, quitarse el musgo ¡Qué sueño más mágico! ¡Qué pensamiento perturbador!

Sólo que para este árbol en particular ¡Qué triste y doloroso! Y es que él SÍ recordaba la historia y no era que únicamente la tuviera en su pensamiento, sino que la había analizado, ponderado, cuestionado, le parecía hermosa…. Y triste.

No era que este árbol no se moviera, sino que lo hacía tan lentamente; y claro que cambiaba de estación en estación, pero lo que él quería era girar, dar vueltas, bailar.

Sin embargo, el deseo no era suficiente, quererlo con toda la fuerza del corazón no bastaba, porque ¿Quién ha visto un árbol girar? ¿Quién conoce a un pesado pino, eucalipto, álamo, araucaria, o tabachín que haya bailado rítmicamente? Parece tan difícil, ya no digamos una vuelta entera, sino sólo un pedacito de giro, parece imposible moverse, ponerse al sol, desmusgarse.

El corazón del árbol sufría, era tanto el esfuerzo y tan poco el resultado, tan fácil creer que era imposible, que el árbol danzante nunca existió, que él jamás podría cambiar.

Sólo que esta vez algo cambió, seguramente era la estación correcta y el viento soplaba distinto y quizás también llega un momento en que el esfuerzo simplemente se vuelve flujo. El caso es que este árbol supo desde el fondo de sí mismo que no podía posponer el giro, que no le era posible abandonar el sueño, que este era el momento.

Entonces observó su tronco y sus raíces, sus ramas y sus hojas. Miró con toda profundidad su corteza y los anillos que había formado al ir creciendo y la savia que iba y venía, prestó total atención a la manera en que ciertas sustancias en sus hojas tomaban sol y dióxido de carbono y los transformaban sin ningún esfuerzo en oxígeno y esto le pareció un milagro mayor que ningún otro. Observó cómo los filamentos en sus raíces absorbían minerales y agua, y esta observación se hizo aún más profunda, notó cómo sus células se relacionaban unas con otras y mientras más plena la atención, mayor el bienestar. Entonces descubrió que sus células también tenían partes y cómo éstas estaban formadas por componentes aún más pequeños, encontró sus elementos constituyentes y se sumergió en ellos; y la magia ocurrió, pues se dio cuenta que al nivel más profundo él mismo, sólo era un universo de átomos, girando y girando, danzando la
más profunda de las danzas; así que simplemente se deslizó, se dejó envolver, se volvió uno con su propia danza microscópica y si alguien ha visto a un árbol sonreír, sabe que en ese momento la más hermosa sonrisa brotó del árbol.

Las sonrisas tienen un poder y un encanto sutil – aún en los bosques húmedos y umbríos – porque el árbol entonces supo que no sólo era árbol, sino también bosque, y no sólo bosque, sino también tierra y aire, incluso arroyo, y no sólo aire y tierra sino también mundo y la danza de la atención plena lo condujo, ahora sin esfuerzo, a la danza de la expansión y su primer sonrisa lo llevó a una segunda aún más bella al darse cuenta – con su corazón de mundo – que estaba girando, dando vueltas en torno al sol, danzando con planetas, bailando con estrellas. Que siempre lo había hecho.

Nunca se supo cuánto tiempo se quedó el árbol danzando desde dentro, bailando en la más hermosa expansión, pero según me dijo, llegó un momento, en el que sin interrumpir esa danza, el árbol sacudió sus ramas, movió sus raíces y se puso a bailar el más hermoso baile y que no hubo quien no mirara la agilidad, el ritmo, la belleza de sus movimientos, y que no hubo quien pudiera olvidar su sonrisa de átomos y estrellas.

A partir de ese momento la leyenda del sonriente árbol danzante habitó en el corazón  del bosque.

 

LoadingGuardar contenido
Subscribete
Notificar de
guest
0 Comments
Comentarios en línea
Ver todos los comentarios